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Milán
Desde la encantadora azotea del Duomo (Catedral) se puede ver cómo los agraciados frisos adornados y pórticos medievales se desvanecen en las fuertes líneas y ángulos de la moderna ciudad, como un claro recordatorio de que Milán no es sólo una reliquia del pasado, sino que esta mágica y subestimada ciudad de Italia es una perfecta mezcla de historia, pulido estilo urbano y energía.
Fundada por tribus celtas alrededor del año 600 aC y conquistada más adelante por los romanos, gracias a su ubicación estratégica se convirtió rápidamente en un importante centro de comercio del Imperio.
Hoy en día es la segunda ciudad más grande de Italia, donde casi todo gira en torno a la industria de la moda, transformándose así en el lugar de vacaciones ideal para los amantes de las compras, la ropa de diseñador, la ópera y el arte.
Para alojarnos elegimos el Hotel Berna, un elegante y sofisticado hotel cerca de la estación de tren Milano Centrale, y a pocas cuadras de la famosa avenida comercial Corso Buenos Aires. Además de cómodas e insonorizadas habitaciones ofrece un abundante y delicioso desayuno buffet.
Hay tanto para ver que uno no sabe por dónde empezar. La mejor manera de entender la ciudad es dar un paseo en uno de los trenes. El de la Ruta 1, que se extiende desde la estación Milano Centrale, pasando por la Piazza Cairoli hasta el Castello Sforzesco, probablemente sea la mejor elección.
El primer lugar que visitamos fue la Catedral Il Duomo, el símbolo de Milán, un edificio que se comenzó en 1386 y no concluyó hasta 500 años más tarde. Es una obra maestra del gótico tardío, más interesante aún por el hecho de que este estilo no se ve en otras partes de Italia.
El refectorio de Santa Maria delle Grazie es el hogar de una de las más famosas obras de arte de Leonardo da Vinci, La Última Cena. Una buena manera de evitar las largas colas es concertar una visita con antelación.
Lugares que no puedes dejar de ver incluyen el famoso Teatro La Scala de Milán, el Castillo Sforzesco, la Torre Pirelli, el Palazzo Reale, y la Galleria Vittorio Emanuele II, el centro comercial más bello del mundo.
Las mejores oportunidades de compra están en los alrededores del barrio artístico de Brera, y en la zona de Navigli. Si tienes dinero haz una visita a las tiendas de Via Montenapoleone y Via della Spiga, donde encontrarás nombres famosos como Armani, Versace, Pucci, Prada, Dolce & Gabbana y Gucci.
Por supuesto, además de la moda, el otro principal atractivo de la ciudad es el arte, bellamente representado en sus múltiples museos y galerías. El principal museo de arte de la ciudad, la Pinacoteca di Brera, exhibe obras de Mantegna, Giovanni Bellini, Bramante y Caravaggio, entre otros.
El Museo Poldi-Pezzoli posee una extensa colección de joyas, porcelana, relojes, tapices, armas antiguas, muebles de época y pinturas. Solo la obra maestra de Botticelli, La Virgen y el Niño, hace que valga la pena una visita.
También recorrimos el único museo futbolístico del mundo, el Museo de Inter e Milán, en el Estadio San Siro, así como el engañosamente modesto Museo Diocesano, los dinosaurios del Museo Civico di Storia Naturale, la original galería Antonio Colombo Arte Contemporanea y la Galleria d'Arte Moderna.
Milán tiene una gran selección de restaurantes, desde estrictos bares de sushi a establecimientos de primera clase, aunque por lo general la mejor experiencia es comer en restaurantes y mesones locales. No dejes de probar el tradicional ossobuco y el risotto alla Milanese.
Los barrios Brera y Navigli concentran la mayoría de los bares y una animada vida nocturna. Para una opción más de moda, prueba el área alrededor de Corso, como el Martini Bar de Dolce & Gabbana, una barra retro flanqueada por pequeños sofás de cuero negro y grandes candelabros de Murano.
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